miércoles, febrero 15, 2006

Día 33:

Por supuesto, mis lentes no estuvieron ayer. Me quedaron de avisar cuando lleguen.

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Estoy absolutamente sumergida con Fowl. Esto se pone cada vez mejor, y debo decir que mis intentos por encontrar cosas que hacer no han sido muy fructíferos, por lo que mi lectura ha sido despiadada: todo el día. Ayer busqué comentarios en blogs al respecto, y debo decir que concuerdo con alguien que dijo que había ciertas cosas inverosímiles, como el hecho de que los duendes poseyeran más tecnoligía que los humanos. Aunque no tendría por qué ser raro ¿quién nos convenció que somos la forma de vida más listoca disponible en este almacén? Definitivamente, si hay extraterrestres viajando por ahí y buscando formas de vida inteligente, los entiendo por no pasarse por aquí. Pero, como sea, hay que respetar el mundo que plantea el autor. Si a alguien no le gusta, se cambia de libro y ya. Ahora, me encantaría poder comprarlos en esa adorable versión española que estoy leyendo (apuntado: cuando vaya a Madrid, pasar a una librería a comprar los Artemis Fowl y los Harry Potter. No me interesan las versiones argentinas. Por eso la llevan las versiones piratas... traducción española fotocopiada).

Me traje el álbum de Narnia para canjear el póster en la tarde. Ayer pregunté en el Kiosko Salo del Panorámico y la niña dijo que le quedaban póster, así que lo fuera a canjear no más. Y yo que pensaba que se habían agotado hace rato...
La capitana Canija era extremadamente guapa en el sentido peligroso del término. Tenía la belleza de una viuda negra. Artemis iba alcanzar la pubertad al cabo de ocho meses aproximadamente, y sospechaba que en ese momento miraría a Holly bajo una luz diferente. También sospechaba que le daría igual que la elfa tuviese ochenta años.